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Más Luz en el Horizonte - Partes 1 y 2

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Más Luz en el Horizonte - por Trigueirinho


Parte 01:

Desde siempre, todos hemos tenido una gran oportunidad: el despertar espiritual, un despertar que no nos lleva a huir de este mundo, sino que ayuda a iluminar la permanencia terrena y a redimirla mientras vivamos aquí. En el momento de ese despertar es necesario abandonar todo lo inferior, relativo e imperfecto para comprender el cosmos. El objetivo esencial de ese despertar es traer luz a la oscuridad, transmutar la ignorancia en sabiduría, colaborar con el proceso de redención planetaria, servir a la luz.
Pero mientras el ser humano esté mirándose a sí mismo, mientras prefiera usar su poder propio, personal, continuará siendo esclavo y prisionero de los límites materiales donde actúa ese poder; en realidad, continuará impotente. El despertar espiritual es un ensanchamiento de fronteras, una abertura de horizontes, donde se amplían las capacidades del ser. Y todo eso no se consigue artificialmente. El pçroceso que conduce al




despertar espiritual jamás podría analizarse racionalmente. ¿Acaso no era el tentador mismo que, según, la Biblia, quería pruebas visibles? No las recibió. Aquí yace la diferencia entre el despertar espiritual, camino para estar consciente en nivel cósmico y para cumplir un papel predestinado en pro del Todo, y las realizaciones egoístas, que buscan un poder personal, inferior. Mientras el hombre actúe por simple curiosidad o por ambición, las puertas del cosmos permanecerán cerradas para él. Sólo después de escrudiñar a fondo su propio corazón y de haberse asegurado de que las causas de sus acciones no son ansias de poder material, estará listo para dar los pasos rumbo al despertar. Hay un conocimiento mayor que descubrir, una gran fraternidad, Jerarquías de entidades intergalácticas, un orden interno. Está a disposición de los seres humanos eternamente. Pero el camino del cosmos es el camino de la luz y no el de la oscuridad.













Parte 02:

El camino del cosmos nos conduce a la libertad, y no a la dependencia de grupos ni de maestros. Cada ser recorre su propio trayecto y, si necesita ayuda, esta le llegará sin que tenga que ir a buscarla. Para recibirla sólo basta que la necesite realmente. En esta época en que estamos a punto de enfrentar una crisis global, que incluye grandes convulsiones de las fuerzas de la naturaleza, la ausencia de equilibrio psicofísico-espiritual en la mayoría pone en peligro la continuidad de la vida en la superficie de la Tierra. Que en los más lúcidos prevalezca la persistencia, el amor y la fe en ese camino trascendente, que no siempre se puede ver o tocar. Los grandes cataclismos ocurridos en tiempos remotos dejaron marcas y, hasta cierto punto, puede considerárselos naturales, aunque el hombre haya contribuido para que la violencia de los acontecimientos fuese mayor, como en el caso de la Atlántida y de la Lemuria. Los cataclismos de gran envergadura ocurridos en la época de esos antiguos continentes sirvieron para re-enderezar las fuerzas terrestres y para darle al hombre la posibilidad de un nuevo ciclo de experiencia en su camino evolutivo. La Lemuria quedó destruida como consecuencia del mal uso que hizo la

humanidad en esa época, de las fuerzas instintivas. En la Atlántida, la destrucción violenta fue causada por el mal uso de las fuerzas emocionales, entonces canalizadas específicamente hacia la satisfacción de los deseos egoístas a través de la magia negra. Actualmente presenciamos la manifestación de dos corrientes de pensamiento opuestas referidas a un próximo cataclismo global. Una se inclina a confirmarlo, alertando a todos para que se preparen; la otra declara que las profecías sirven para cambiar nuestras actitudes desarmoniosas, las cuales, una vez retiradas o transformadas, alejarían la anunciada hecatombe. Según esas profecías, la Tierra actual tendrá que fundamentarse en nuevos principios sobre el uso de la mente; el ser humano aprenderá a colocarla en obras para la evolución del Todo, conforme un sublime Plan creador. Muchas veces los cataclismos son una respuesta de la naturaleza terrestre a las agresiones que recibe, generalmente de la humanidad, pues la forma de vida de esta civilización ha sido una constante fuente de desarmonías. El furor de esos cataclismos varía de acuerdo con las fuerzas implicadas.


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